Yolanda

Este reto me lo puso mi amiga Samanta.

“Concretar un borrador y estar en reproducción del proyecto de tu abuela”

 

Porque me conoce y no he podido concebir este proyecto, aunque lo tengo en mi vision board desde el año pasado.

Nunca conocí a mi abuela y cada que me cuentan algo de ella, lloro. No sé si es que me da FOMO por no haber estado ante su presencia, siendo que la idea de que exista alguien tan amorosa y paciente como ella me rompe el corazón por no haberla conocido, si sólo hay una conexión que trasciende la vida, o porque veo el vacío que dejó en la vida de la gente que era cercana a ella. Tal vez todo; no querría jamás llenarlo, sólo comprender ese vacío y apapacharlo.

Dice mi amigo Mau: “Hazte de un hábito y de la disciplina, que te lleve la inercia lentamente.”

 

El domingo 15 de febrero, mi otra tía-abuela, tía Borre, nos invitó a su casa con el pretexto de celebrar el cumpleaños de las que cumplimos en enero. Me la pasé increíble: comí delicioso y hasta hice de pintacaritas y les pinté la carita a casi todos en mi familia. En un momento, muy cerca de la noche, tía Borre me invitó a echar el chisme y mostrarme las fotos de la familia que conservaba en su cuarto. También me mostró unas cartas, que le enviaron mi tía abuela Elo (que acaba de fallecer) y de mi abuela por ahí de los 70s, y nos dio bastante risa darnos cuenta de que:

  1. Me cuesta mucho leer la cursiva

  2. Mi tía Borre casi nunca contestaba a las cartas (cosa que hasta hoy en día se tarda un poco en contestar mensajes)

Ese día me fui con la tarea de digitalizar las fotos y la promesa de volver a vernos para platicar más. Realmente mis tías abuelas fueron mis abuelas, pero más mi tía Borre. Tengo muchas fotos con ella y muchos recuerdos tiernos. Lo cual es muy ad hoc, porque su papá le puso el apodo de Borreguito por ser la más tierna de todas las hijas (según yo).


El viernes 6 de febrero hablé con mi Tía Irma, una de sus hermanas menores para preguntarle sobre la familia, sus papás, mi abuela. Me contó que la familia viene de Morelia, Mich. que sus padres migraron directo a la Santa María la Ribera con la primera de sus hijos y unos hermanos. En la casa que tuvieron ahí nacieron los otros 4 chamacos, incluída mi abuela. Me contó que mandaron a mi abuela a Guadalajara con su tía materna cuando tenía como 11 años y estando ahí terminó su escolaridad; regresó al DF a trabajar, y cuidó de sus hermanos y su madre, tengo entendido con ayuda de su tía. Se casó con un hombre 20 años mayor que ella (pero hijo de mami) y luego de tener a su primer bebé, se divorció porque no congeniaban. A la bebé la cuidaban las hermanas mientras ella trabajaba y vivía en un cuarto, en un inmueble donde también vivía mi abuelo; siendo vecinos se conocieron, se enamoraron y se mudaron a Minatitlán, Ver. Ahí tendrían su vida por 12 años gracias a PEMEX.

Mi tía me dijo que realmente empezaron a ser muy amigas-hermanas hasta que se casaron, más que nada por la brecha de edades. Al estar casadas se volvieron todas las hermanas uña y mugre, eran felices reuniendose con toda la familia, cada que podían. Ya fuera los departamentos, y cuando crecio más la familia, en picnics. Ahí donde ella reconoce que era menos paciente de lo que parecía mi abuela con los niños saltandole y ella inmutada.

En la vida de mi tía hubo un suceso traumatico, su hijo mayor sufrió un accidente y estuvo en coma meses antes de que mi abuela fuera hospitalizada por cáncer, y apesar de tal vez ya tener sintomas de este, ella iba todas las noches a cuidar de él. Se puso una penitencia (hablando en terminos religiosos) donde le leía el mismo libro 3 veces. Al final mi abuela escribió un poema al reverso del libro. Renato efectivamente se recuperó, pero ella no mucho después fue hospitalizada, lo bueno fue que se vieron y creo que mi abuela también quedó en calma de verlo bien.

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